Hace tiempo tuve un sueño, soñé que estábamos en un lugar que me parecía ser el cielo. Ibamos en un auto que yo conducía. Las dos reíamos, cantábamos y disfrutábamos de un magnifico paisaje verde que nos llenaba de paz.
Pienso, que talvez sea una señal, o sólo un deseo de permanecer unidas mas allá de esta vida, quien sabe.
Solíamos jugar cartas en la mesa de la cocina, siempre me ganaba, era pilla le gustaba ganar.
Siempre se comentó en la familia que yo era la preferida, la regalona. Yo creo que en el fondo había una gran admiración de mi parte por aquella mujer corpulenta de temperamento fuerte, alegre, luchadora, pero tremendamente cariñosa, a su manera. Debe ser también porque de más grande la cuidé, del mismo modo como lo hice el tiempo que pude estar con mi abuelo. Jamás me despedí de él, mi abuela no me lo permitió. Sabía que si lo hacía no me dejaría partir. Mi prima me contó tiempo después que en sus últimos momentos me llamaba y que a ella la confundía conmigo. Es que debo tener vocación de enfermera. Debe ser por mi paciencia y mi sensibilidad al padecimiento humano. Me gusta cuidar, creo que es un acto de amor maravilloso. Además, nunca me ha gustado ver sufrir a la gente, no lo soporto, me produce un pánico terrible.
No sé si alcance a cuidar de ella, la lejanía es un obstáculo, pero logré visitarla hace poco. Ya no juega naipes como antes, es más lenta, está presa de un cuerpo añoso y de píldoras para dormir, pero conserva esa picardía que la caracteriza. Esta vez no dormí con ella como lo hacía siempre, sólo me recosté un par de veces a su lado a escuchar rancheras mientras me relataba recuerdos de su juventud....
Todavía recuerdo ese sueño, quizá sea una señal, o sólo un deseo profundo de permanecer unidas mas allá de esta vida.
Pienso, que talvez sea una señal, o sólo un deseo de permanecer unidas mas allá de esta vida, quien sabe.
Solíamos jugar cartas en la mesa de la cocina, siempre me ganaba, era pilla le gustaba ganar.
Siempre se comentó en la familia que yo era la preferida, la regalona. Yo creo que en el fondo había una gran admiración de mi parte por aquella mujer corpulenta de temperamento fuerte, alegre, luchadora, pero tremendamente cariñosa, a su manera. Debe ser también porque de más grande la cuidé, del mismo modo como lo hice el tiempo que pude estar con mi abuelo. Jamás me despedí de él, mi abuela no me lo permitió. Sabía que si lo hacía no me dejaría partir. Mi prima me contó tiempo después que en sus últimos momentos me llamaba y que a ella la confundía conmigo. Es que debo tener vocación de enfermera. Debe ser por mi paciencia y mi sensibilidad al padecimiento humano. Me gusta cuidar, creo que es un acto de amor maravilloso. Además, nunca me ha gustado ver sufrir a la gente, no lo soporto, me produce un pánico terrible.
No sé si alcance a cuidar de ella, la lejanía es un obstáculo, pero logré visitarla hace poco. Ya no juega naipes como antes, es más lenta, está presa de un cuerpo añoso y de píldoras para dormir, pero conserva esa picardía que la caracteriza. Esta vez no dormí con ella como lo hacía siempre, sólo me recosté un par de veces a su lado a escuchar rancheras mientras me relataba recuerdos de su juventud....
Todavía recuerdo ese sueño, quizá sea una señal, o sólo un deseo profundo de permanecer unidas mas allá de esta vida.
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